martes, marzo 21, 2006

El problema no es la caída del viaducto.





El problema no es la caída del viaducto. El problema no es la miserable respuesta del presidente, aplaudiendo el hecho y haciendo que sus focas amaestradas hagan lo propio, y hasta se rían.

El problema es lo que tal actitud revela: la banalización y la ineptitud ante un asunto serio.

Es de esperar que un gobierno que construya una nueva sociedad esté interesado en derrumbar o colaborar en el desmoronamiento de lo anterior. Acá el inconveniente es que se hace a costas de un monumento que en sus mejores días constituyó uno de los logros de ingeniería más importantes del continente. Pudieron haberlo salvado, y tenerlo allí como eso, como muestra de lo que en su momento fue.
Dejar que el viaducto se cayera es tanto como permitir que se caiga el Capitolio, o las Torres de El Silencio, sitios emblemáticos de la ciudad y de los avances de la modernidad. Es de entender que aplaudir lo sucedido el pasado domingo 19 de marzo (el día que invitaron al presidente a una fiesta en Elorza) es aplaudir el derrumbe de la modernidad.
Pero no termina allí la lectura que puede hacerse del aplauso y de las risas del presidente. El Viaducto 1 se cae no sólo por viejo, sino (y principalmente) por la presión del cerro. Eso es del dominio público. Y el cerro hace presión no solo por falla geológica, sino por el agua que tiene adentro, producto de las lluvias, la falta de drenajes y las aguas negras. La falla de ingeniería (y de elemental previsión) está en que no se han tomado ni se tomarán medidas para evitar que continúe creciendo esa inmensa montaña de lodo. Lo único que hay que hacer (y debió haberse hecho hace meses, o años) es sacar de allí, y corriendo, a la gente.

¿Y quién paga los platos? Las más de 1.500 familias que habitan todavía en ese cerro y sus alrededores.

Un aguacero más, y ese cerro se cae.

La noticia entonces no es el puente, es la presión del cerro sobre el puente, y la gente que vive allí.

Así que, señor presidente, no aplauda la caída del Viaducto 1. Preocúpese por lo que obligatoriamente hay que preocuparse: por la gente que todavía vive allí, en el mismo cerro que ha ocasionado la caida del viaducto.

Banalizar la ineptitud tiene un precio. Ojalá su pava ciríaca le impida volver a pasar en estos días por la trocha que sustituyó el puente que ya se cayó. Procure viajar en avión o helicóptero desde La Carlota. No vaya a ser que ese cerro se venga abajo, con su lodazal de mierda y de gente, y tenga luego que culpar al imperialismo norteamericano, a los escuálidos opocisionistas y a los medios fascistas de su inoperancia.
No quiero ser pájaro de mal agüero. Pero si ese cerro se movió más de un metro entre la noche del sábado y la mañana del domingo, se puede venir abajo en cualquier momento. Y la gente está allí, esperando que, como siempre, FUNDAESTADO le resuelva su problema.
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